Por
Luis Gilpérez Fraile, Vicepresidente de ASANDA, Vocal de la
FESPAP
En las corridas de toros se utilizan diferentes instrumentos (puyas,
banderillas y estoques) específicamente diseñados
para lo que los taurinos denominan con los eufemismos de "castigar a
los toros" y "suerte suprema". A primera vista parecen instrumentos
toscos y simples, pero un estudio más detenido nos demuestra
que son herramientas concebidas minuciosamente para realizar su
"trabajo", Como hemos podido comprobar, ni muchos de los mismos
taurófilos conocen el porqué de estos
diseños y los efectos que provocan. El propio
marqués de Sade envidiaría tanto ingenio al
servicio de la tortura.
LA
PUYA
Si un profano tuviera que diseñar un objeto punzante para
"picar" el morrillo de un toro, seguramente se decidiría en
primer lugar por la forma cónica, como la punta de un
lápiz. Pero en la práctica se
encontraría con dos problemas: por un lado, para mantenerla
afilada tendría que recurrir al mismo o similar
procedimiento que se utiliza para afilar lápices, y
ésa es una operación difícil de
realizar a una punta de acero. Por otro lado, al clavar una puya
cónica en el morrillo, se infringirían heridas
tan profundas y anchas como la longitud y anchura de la puya, pero poco
sangrantes, ya que dicha forma geométrica se introduce con
facilidad entra las fibras musculares, apartándolas sin
cortarlas.
Para solucionar el problema del afilado, la puya taurina recurre a la
forma piramidal, con tres aristas (figura 1) Así, con una
simple lima se pueden tener los filos siempre a punto y el extremo tan
punzante como se quiera. Pero sobre todo, este diseño se
introduce en el músculo cortando las fibras en vez de
separándolas, y la herida provocada es por tanto mucho
más sangrante. Sin embargo aparece un nuevo inconveniente:
como la dirección en la que empuja el toro y la que empuja
la puya son casi opuestas, la resultante para un instrumento con filos
cortantes sería hacia la penca o zona trasera del animal. Es
decir, provocaría un tajo que abriría el lomo del
toro en dos, y un animal herido así, presentaría
un aspecto excesivamente espectacular. Otra vez la inventiva taurina
encuentra solución[1]: la pirámide se reduce a
una pequeña punta de 24 milímetros de largo,
seguida inmediatamente de un cilindro de madera de 6
centímetros de largo, sobre el que se envuelve un cordel de
cáñamo de 3 milímetros[2]. Ahora
tenemos una punta piramidal que entra cortando el músculo
pero, inmediatamente, a medida que el picador empuja, comienza a
introducirse la zona encordada, impidiendo que los filos tajen
lateralmente. Y con una ventaja añadida: el encordamiento se
comporta como una sierra de dientes abiertos, causando un destrozo
importante en el músculo y en sus vasos
sanguíneos, y por tanto, una hemorragia enorme.

Pero
aún queda otro detalle que, en su minuciosidad, el
Reglamento no olvida[3]: la vara en cuyo extremo se monta la puya, debe
estar alabeada (torcida) y la puya montada de forma que una de las
caras de su pirámide quede en el sentido de la parte
convexa. ¿Para qué esto? Pues para que la puya,
antes de que pueda cortar superficialmente sobre la piel del animal
cuando se produce el encuentro con la misma, se introduzca con rapidez
dentro del músculo, ya que el aludido alabeo obliga tanto a
que la puya mantenga una trayectoria menos aguda (como si el picador
estuviera situado a mayor altura) como a que ninguna de sus tres
aristas pueda tajar hacia la penca (figura 2). Repetimos que el
Reglamento muestra una minuciosidad envidiable para cualquier
sádico.
Y esto no lo es todo. ¿Cómo explicar que una
puya, con una longitud total hasta el tope de 8,4
centímetros, y una anchura máxima de 3
centímetros, pueda causar heridas de entre 20 y 40
centímetros de profundidad, y de unos 9 de anchura?[4]. La
propia blandura de un músculo como el morrillo, que cede
hundiéndose bajo el peso del picador sobre el breve tope de
la puya (el llamado efecto "acordeón") o el acertar un
segundo puyazo sobre el agujero ya provocado por el anterior, es a
veces suficiente. Pero en caso necesario, interviene la pericia del
picador, que si recibe la pertinente orden del matador, inicia un
movimiento de vaivén con la vara[5], al tiempo que empuja
lateralmente para agrandar la herida. Cuando consigue que uno de los
extremos de la cruceta que hace de tope (y que sólo
sobresale 5 centímetros por cada lado) se cuele por el
boquete, lo aprovecha como punto de apoyo y ya puede profundizar lo que
quiera, manejando el tope como un sacacorchos[6] ("barrenar" en su
jerigonza). Claro que tiene que cuidar que cuando el toro se separa, no
se engarfie la cruceta en la carne y le arranque la vara de las manos,
lo cual ocurre de vez en cuando. El que en ocasiones un toro resulte
muerto por los puyazos[7], o más frecuentemente quede cojo o
semiparalizado por haberle machacado la escápula o una
vértebra[8], no deja de ser un "accidente", acaso
intencionado, pero que desdice poco de un refinado instrumento que
cumple perfectamente su cometido: desangrar parcialmente al toro,
reducir considerablemente su fuerza, obligarle a humillar la cabeza y
permitir al matador simular su valentía.
LAS
BANDERILLAS
El que haya tenido que presenciar una corrida de toros,
habrá observado que los palos de las banderillas ocasionan
ciertas incomodidades a los matadores: les golpean en el pecho y, a
veces, en la cara. Por ello leímos en cierta
ocasión la propuesta de un aficionado, sugiriendo el
fabricar las banderillas de forma que los palos cayesen al suelo una
vez que la parte metálica se hubiera clavado en la carne del
animal. Eso demuestra que dicho aficionado, al igual que otros
muchos[9], no tienen ni idea de como "funcionan" las banderillas.

El
pincho de acero, por sí mismo, representa poco "castigo"
para el toro. Sus 60 milímetros de largo[10] (80 en las
banderillas negras[11]) provocan un dolor fuerte e inmediato, pero
breve. Si no entra por el mismo boquete producido por un puyazo
anterior, no puede alcanzar ningún órgano
vital[12]. Pero su primer refinamiento está precisamente en
el palo: una vez que el hierro ha entrado en el músculo,
cualquier movimiento del toro se traduce en una oscilación
del palo, oscilación que éste (el palo) transmite
como un brazo de palanca al hierro. Así, el hierro no deja
de hurgar, cortar y herir por dentro, provocando lo que debe ser un
continuo tormento: Para que la banderilla no se desprenda de una herida
cada vez más amplia, en su punta lleva un arpón
de 16 milímetros de ancho (20 en las negras) similar en las
formas a los anzuelos de pescar (figura 3) Este arpón se
engarfia de tal manera en la carne, que, para quitarlo, los
banderilleros tienen que auxiliarse con frecuencia de alicates.
Estamos por lo tanto ante otro instrumento muy refinado, que cumple su
trabajo de una manera oculta y silenciosa, pero con total eficacia.
EL
ESTOQUE DE MATAR
Sorprendentemente, el Reglamento Taurino es muy parco en la
descripción de este mortal instrumento. De él
sólo dice que "tendrá una longitud
máxima de acero (sic) de 88 centímetros desde la
empuñadura a la punta" (artículo 66.1 del citado
Reglamento). Aparte de evidenciar que tampoco la sintaxis es un punto
fuerte de los taurinos, deja en el tintero dos
características esenciales que diferencian el estoque
taurino del original estoque. En primer lugar, la hoja, de anchura no
especificada, lleva sus aristas biseladas en el mismo sentido que el
tope de la empuñadura (el verdadero estoque es simplemente
una varilla aguzada). Esto permite que se pueda introducir con
facilidad entre las costillas del toro a la vez que provoca graves
lesiones internas con sus cortes laterales. El considerable aumento de
peso que provoca esta forma con respecto a la original, lo suplen los
matadores utilizando estoques de madera excepto en el momento preciso
de "entrar a matar" (para lo cual deben presentar certificados
médicos dando fe de lesiones en las muñecas,
certificados que en estos momentos poseen la totalidad de los matadores
en activo...).
Pero la mayor muestra de ingenio se encuentra en la pronunciada
curvatura que presenta el último tercio de la hoja. El
objetivo ideal del matador es clavar el estoque en el
corazón del toro, o en su defecto, cortar los grandes vasos
sanguíneos que lo rodean. Pero ocurre que el
corazón de estos bóvidos se encuentra en un lugar
poco accesible del tórax, prácticamente entre los
húmeros (fig. 4). Alcanzar este punto vital desde arriba,
exige que un estoque recto entre muy vertical, entre las
escápulas y evitando la columna vertebral, es decir, exige
que el cuerpo del matador quede momentáneamente entre los
pitones del toro. Para evitar tanto riesgo, la punta curvada permite
que la estocada sea tendida, ya que el trayecto que describe en el
interior del tórax autodirige la punta del estoque hacia el
corazón. Ya sabemos que estas estocadas de efectos
rápidos son escasísimas, pero ello no debe
atribuirse a defectos de diseño, sino a falta de habilidad o
valentía del matador. Dicha falta de habilidad o
valentía se sustituye por una práctica
exteriormente muy visible, pero cuya finalidad muy pocos espectadores
conocen. Nos referimos al "marear al toro"[13], es decir, a presentarle
capotes alternativamente a derecha e izquierda, inmediatamente
después de haberle sido clavado el estoque. La
presentación alternativa de capotes provoca que el animal
mueva su tercio delantero al mismo ritmo, y eso es todo lo que
exteriormente puede observarse. Pero ¿qué ocurre
dentro de su tórax? Veamos (figura 4): las estocadas que no
tienen efectos rápidos (es decir, casi todas) pueden haber
sido demasiado "tendidas" (hiriendo hígado y/o panza),
"traseras" (hiriendo pulmones y/o esófago), "delanteras"
(hiriendo pulmones y/o esófago y/o tráquea), o
poco profundas o "atravesadas" (hiriendo pulmones). Pero si el animal
mueve su tórax con el estoque dentro (que recordemos, tiene
filos cortantes y el extremo curvo) se produce una verdadera
"carnicería" interior (cuyos detalles obviamos) y que
exteriormente, a veces, se evidencia por los vómitos de
sangre. Y ese movimiento es precisamente el que provoca ese
eufemismo de "marear" al toro con los capotes. Si se me permite la
grosería, tendría que decir
¡coño con los mareos...! Por eso siempre nos ha
resultado milagroso que un toro pueda llegar a ser devuelto a los
corrales por superar el plazo de agonía (quince minutos
desde el inicio del tercer tercio, es decir, desde que comienzan los
intentos de darle muerte). Desde luego no es culpa de este refinado
artefacto conocido como "estoque de matar".
EL
ESTOQUE DE DESCABELLAR
Al descabellar se trata de seccionar la médula espinal para
paralizar completamente al animal (como consecuencia de dicha
parálisis, su muerte sobreviene unos minutos
después[14]). Pero si la médula no es seccionada
completamente, la parálisis también es parcial, y
ello da lugar a esas dantescas imágenes de toros moribundos
con movimientos agónicos pronunciados.
Es decir, que por un lado se necesita un instrumento similar a la
"puntilla", esa especie de puñal utilizado de antiguo (y
aún hoy, ilegalmente) en los mataderos para el sacrificio de
reses, pero que no exija en su manejo tanta proximidad al animal, y que
haga un corte lo más ancho posible pero sin dificultar su
introducción entre las vértebras.
Todo ello lo consigue el estoque de descabellar, que es similar al de
matar pero con el extremo sin curvar y con una cruceta que hace de tope
a 10 centímetros de la punta, es decir, como una puntilla a
distancia[15]. Si el matador logra introducirlo entre el espacio
intervertebral del atlas, el animal cae fulminado (pero consciente)
cuando el corte de la médula es total. Si es parcial, puede
rematar el trabajo imprimiendo al estoque un movimiento lateral, con la
cruceta como punto de apoyo (nótese por tanto que la cruceta
no sólo tiene la misión de que el estoque no
profundice más de lo debido y atraviese la garganta del
animal, sino también la de brazo de palanca). Una vez el
toro en el suelo, bien por efecto del estoque de matar bien por el de
descabellar, el puntillero culmina el sacrificio con la puntilla. Para
terminar, baste decir que este método de sacrificio
está prohibido en toda la Unión Europea por su
extrema crueldad.
OTROS
INSTRUMENTOS DE TORTURA TAURINA
Ya hemos mencionado la puntilla, que no describimos por no tener
ningún refinamiento especial (quizá por no ser un
instrumento específico de tortura taurina, sino un simple y
antiguo útil de matarife). Pero aún hay una larga
lista de utensilios utilizados por los rejoneadores, cuyo
único refinamiento destacable es el disimulo. Y nos
explicamos: si se ha tenido la inoportunidad de presenciar uno de tales
espectáculos, posiblemente le ha llamado la
atención cómo el "caballero" portaba y clavaba en
el lomo del toro diversos palitroques semejantes a largas banderillas,
con una pequeña punta metálica que, sin embargo,
provocaban la muerte, o casi, del animal. ¿Cómo
es posible que con un `pincho tan pequeño se pueda matar a
un toro? El secreto está en el "disimulo". Aunque los
rejoneadores también utilizan banderillas ordinarias (con
palo de 80 centímetros), banderillas cortas (con palo de 35
centímetros), banderillas rosas (con palo de 20
centímetros), farpas (especie de banderilla con
arpón de 7 centímetros) y rejones de castigo
(especie de lanza con cruceta a 24 centímetros), con lo que
verdaderamente causan la muerte del animal es con los denominados
rejones de muerte, especie de estoques rectos con hoja de doble filo de
65 centímetros de largo por 2,5 de ancho, de los que pueden
clavar cuantos sean capaces en el plazo de cinco minutos. Pues bien,
dichos rejones llevan disimulada su hoja bajo un papel de colorines,
del que sólo asoma una pequeña punta, de forma
que el público no pueda percibirse de la verdadera longitud
del hierro. Describir las heridas que producen en el tórax
del animal, mientras corre tras el caballo, unas cuchillas de 65
centímetros de largo, suponemos que es innecesario...
NOTAS:
[1]Artículo 64.1 del Reglamento Taurino: Las puyas
tendrán la forma de pirámide triangular, con
aristas o filos rectos; de acero cortante y punzante y sus dimensiones,
apreciadas con el escantillón, serán: 29
milímetros de largo en cada arista por 19 de ancho en la
base de cada cara o triángulo; estarán provistas
en su base de un tope de madera, cubierta de cuerda encolada de 3
milímetros de ancho en la parte correspondiente a cada
arista, cinco a contar del centro de la base de cada
triángulo, 30 de diámetro en su base inferior y
60 milímetros de largo, terminada en una cruceta fija de
acero, de brazos en forma cilíndrica, de 50
milímetros desde sus extremos a la base del tope y un grosor
de 8 milímetros. (v. fig. 1)
[2]Artículo 64.1 del Reglamento Taurino: Las puyas
tendrán la forma de pirámide triangular, con
aristas o filos rectos; de acero cortante y punzante y sus dimensiones,
apreciadas con el escantillón, serán:
29milímetros de largo en cada arista por 19 de ancho en la
base de cada cara o triángulo; estarán provistas
en su base de un tope de madera, cubierta de cuerda encolada de 3
milímetros de ancho en la parte correspondiente a cada
arista, cinco a contar del centro de la base de cada
triángulo, 30 de diámetro en su base inferior y
60 milímetros de largo, terminada en una cruceta fija de
acero, de brazos en forma cilíndrica, de 50
milímetros desde sus extremos a la base del tope y un grosor
de 8 milímetros. (v. fig. 1)
[3]Artículo 65.2 del Reglamento Taurino: La vara en la que
se monta la puya, será de madera de haya o fresno,
ligeramente alabeada, debiendo quedar una de las tres caras que forman
la puya hacia arriba, coincidiendo con la parte convexa de la vara y la
cruceta en posición horizontal y paralela a la base de la
cara indicada. (v. fig.2)
[4]La media de la profundidad alcanzada es de 21,6
centímetros, según el estudio realizado por un
equipo de veterinarios sobre 83 toros lidiados en Madrid.
[5]Según el citado estudio, la media de mete-sacas en cada
puyazo es de 7,4.
[6]Artículo 72.4 del Reglamento Taurino: Cuando la res acuda
al caballo, el picador efectuará la suerte por la derecha,
quedando prohibido barrenar, tapar la salida de la res, girar alrededor
de la misma, insistir o mantener el castigo incorrectamente aplicado...
Como puede observarse en cualquier lidia y como quedó
evidenciado en el estudio de referencia, estas prohibiciones son
invariablemente ignoradas.
[7]Como por ejemplo, y por poner sólo uno entre mil, en la
Feria de Sevilla del 94.
[8]Lo cual ocurre en el 77% de los toros lidiados, según el
mencionado estudio.
[9]E incluso profesionales, pues se han realizado en varias ocasiones
pruebas en dicho sentido, abandonando al "descubrir" que eso no
funciona.
[10]Artículo 63.1 del Reglamento Taurino: Las banderillas
serán rectas y de material resistente, con
empuñadura de madera de haya o fresno, con una longitud de
palo no superior a 70 centímetros y de un grosor de 18
milímetros de diámetro. Introducido en un extremo
estará el arpón, de acero cortante y punzante,
que en su parte visible será de una longitud de 60
milímetros, de los que 40 serán destinados al
arponcillo, que tendrá una anchura máxima de 16
milímetros. (v. fig.3).
[11]Las banderillas negras se aplican para castigar a los toros que no
se han dejado picar bien. Antiguamente se utilizaban para este objetivo
las banderillas de fuego, banderillas que incorporaban una bola de
fuego que ardía sobre el lomo del toro. Posiblemente han
sido eliminadas por el desagradable olor a carne quemada que
producían.
[12]A cada toro se le clavan seis de estas banderillas, pero si
está demasiado "estropeado" por los puyazos, el Presidente
puede autorizar que se le claven sólo cuatro.
[13]El artículo 116 del antiguo Reglamento Taurino
prohibía "a los individuos de las cuadrillas... marear a la
res a fuerza de vueltas o capotazos para que doble más
pronto". El actual Reglamento ha levantado dicha
prohibición, y por lo tanto, lo habitual es ya
también legal.
[14]La actividad cerebral del animal, es decir su consciencia y su
capacidad de sentir, se mantiene entre cuatro y siete minutos
después de serle seccionada la médula.
[15]Artículo 66.2 del Reglamento Taurino: "El estoque de
descabellar irá provisto de un tope fijo en forma de cruz de
78 milímetros de largo, compuesto de tres cuerpos; uno
central o de sujeción de 22 milímetros de largo
por 15 de alto y 10 de grueso, biseladas sus aristas, y dos laterales
de forma ovalada de 28 milímetros de lago por 8 de alto y 5
de grueso. El tope ha de estar situado a 10 centímetros de
la punta del estoque.
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